La esposa que durmió sola durante tres años.
Cuando Emily Parker se casó, creyó firmemente que había encontrado su felicidad para siempre. Su esposo, Daniel, era todo lo que ella había soñado: amable, trabajador y tranquilo. Compartían una pequeña y acogedora casa en Vermont con Margaret, la madre viuda de Daniel.
Al principio, la vida parecía tranquila. Pero apenas unas semanas después de la boda, Emily empezó a notar algo extraño. Todas las noches, justo después de dormirse, Daniel se levantaba en silencio, abría la puerta y desaparecía por el pasillo hacia la habitación de su madre.
Intentó restarle importancia a la situación, susurrándose: «Solo está preocupado por ella. Es mayor y no está muy bien de salud».
Pero las semanas se convirtieron en meses, y los meses en años, y Daniel no paró.
No importaba lo fría o tormentosa que fuera la noche, él siempre se levantaba de la cama para estar con su madre.
Cuando Emily finalmente preguntó, Daniel simplemente susurró:
"Mamá se pone nerviosa cuando está sola por la noche. Regresaré cuando esté dormida".
Pero nunca lo hizo.
Tres años de angustia silenciosa
Habían pasado tres largos años, y Emily se había acostumbrado a dormir sola. Para todos los demás, parecían la familia perfecta: un hijo cariñoso, una esposa atenta y una madre bondadosa. Pero en privado, Emily se sentía sola y olvidada.
A veces Margaret sonreía y decía cosas como:
"Un hombre que ama a su madre siempre será un buen esposo".
Emily forzó una sonrisa, pero se le encogía el pecho cada vez. La gente elogiaba a Daniel como un hijo devoto, pero ¿qué clase de devoción llevaba a un esposo a dormir en la habitación de su madre todas las noches? Algo en ello no tenía sentido.

