Durante seis años, entró al mismo banco y preguntó lo mismo. Nadie la escuchó. Nadie la tomó en serio. Hasta el día en que volvió acompañada… y la cuenta que “no existía” cambió el destino de todos

Cuando lo escribió en el sistema interno —no el visible para los cajeros, sino el de uso gerencial—, el color de la pantalla cambió.

Alerta roja.
Cuenta bloqueada por auditoría interna.
Prohibido informar al público.

Mauricio tragó saliva.

Esa cuenta no debía mencionarse.
Jamás.

—¿Quién autorizó que esa mujer siguiera entrando? —susurró.

Nadie respondió.

Ordenó algo simple:

—La próxima vez, no la dejen pasar.

Pero la próxima vez no llegó sola.

Llegó con un hombre de traje oscuro, una mujer con portafolio de cuero y una carpeta negra sellada.

—Buenos días —dijo Doña Elena, tranquila—. Hoy vengo acompañada.

Mauricio sintió cómo el aire se volvía pesado.

—¿Quiénes son ustedes? —preguntó, tenso.

—Licenciada Verónica Salgado, fiscalía anticorrupción —respondió la mujer—. Y él es el licenciado Raúl Mendoza, abogado.