Cuando la fiscalía abrió la cuenta frente a todos, el monto apareció en pantalla.
Cientos de millones de pesos.
No era dinero para ella.
Era dinero marcado.
Cada transferencia llevaba una ruta.
Cada ruta, un nombre.
Directivos.
Auditores.
Funcionarios.
Ese mismo día, la sucursal fue asegurada.
Al día siguiente, las noticias explotaron.
“Escándalo financiero sacude Toluca”.
“Red de corrupción bancaria desmantelada”.
“Madre humilde destapa fraude millonario”.
Doña Elena no dio entrevistas.
Solo pidió una cosa.
Que el nombre de su hijo fuera limpiado.
Semanas después, en el vestíbulo principal del banco, colocaron una placa discreta.
Daniel Ortiz Ramírez
Ciudadano que eligió la verdad.
Doña Elena fue una última vez.
No a preguntar.
Solo a mirar.
La “loca del banco” salió caminando despacio, con la carpeta azul bajo el brazo.
Había cumplido.
Y nadie volvió a reírse de ella nunca más.
