go un apartamento en Brickel para cuando estoy en Miami por negocios, pero mantengo una habitación aquí para estar cerca de papá. Durante las siguientes semanas, Catalina se estableció en una rutina que no había imaginado posible. Por las mañanas llevaba a Mateo a la guardería recomendada por Alejandro, que casualmente tenía un descuento especial para empleados de la empresa Duran Technologies.
Después trabajaba 4 horas en la clínica del doctor, campus donde perfeccionaba su inglés médico y mantenía sus habilidades actualizadas. Por las tardes cuidaba a don Alberto, que resultó ser un paciente mucho más colaborativo de lo esperado. El anciano adoraba a Mateo y insistía en que su nieto adoptivo pasara tiempo en la casa principal.
Ese bebé tiene la sonrisa de mi Alberto cuando era pequeño, decía frecuentemente, refiriéndose a su hijo. Alejandro visitaba a su padre con más frecuencia que antes. Al principio, Catalina pensó que era por desconfianza hacia su trabajo, pero gradualmente se dio cuenta de que genuinamente disfrutaba pasar tiempo en casa. Antes venía solo los domingos por obligación.
Le confió don Alberto una tarde mientras Mateo jugaba en su regazo. Ahora viene entre semana, se queda a cenar, me ayuda con el jardín. No había visto a mi hijo tan relajado desde antes de su divorcio. Una noche, después de acostar a Mateo, Catalina encontró a Alejandro en la cocina de la casa principal preparando café. ¿No puede dormir? Preguntó ella. Jetlac. Llegué de México esta tarde.
Le ofreció una taza. ¿Cómo estuvo papá hoy? Bien. Sus niveles de azúcar están más estables desde que cambiamos su horario de medicamentos. ¿Fue idea suya ese cambio? Hablé con el doctor Campos. Me dijo que muchos diabéticos responden mejor si toman la metformina después del desayuno en lugar de antes.
