ELLA SE SENTÓ EN EL ASIENTO EQUIVOCADO — PERO LA PERSONA A SU LADO ERA UN MILLONARIO Y SE ENAMORÓ…

Estoy bien, doctor, de verdad. Esa noche, mientras preparaba la cena en su pequeña cocina, sonó el teléfono. Esperaba que fuera Lucía, pero la voz que escuchó la sorprendió. Catalina, soy Alejandro. Se quedó paralizada con la cuchara en la mano. ¿Cómo consiguió mi número? El doctor Campos me lo dio. Espero que no le moleste. ¿Qué quiere, papá? está en el hospital.

Jackson Memorial tuvo otro episodio cardíaco esta mañana. Catalina sintió que se le encogía el estómago. Está bien, estable, pero pregunta por usted constantemente. Por usted y por Mateo. Yo puedo visitarlo, por favor. Creo que le haría bien verla. Al día siguiente, después del trabajo, Catalina tomó dos buses para llegar al hospital.

Don Alberto se veía pequeño y frágil en la cama, conectado a monitores que pitaban suavemente. “Mi niña”, murmuró cuando la vio entrar. “Sabía que vendrías, “Don Alberto, ¿cómo se siente? Mejor ahora que estás aquí, ¿dónde está mi nieto adoptivo? En la guardería vengo directamente después del trabajo. Trabajo.

¿Ya no cuidas viejitos gruñones?” Catalina se rió a pesar de las lágrimas. Trabajo en una clínica. Estoy estudiando para revalidar mi título de enfermera. Qué bueno. Siempre supe que eras demasiado inteligente para quedarte cuidándome toda la vida. Se quedaron conversando por una hora. Don Alberto le contó sobre su nueva enfermera, muy profesional, pero no hace arepas como tú.

Y ella le habló sobre sus clases y su progreso con el inglés. “¿Sabes qué es lo que más extraño?”, dijo el anciano tomando su mano. Los domingos cuando cocinábamos juntos, Alberto, tú, Mateo y yo, se sentía como familia. Yo también extraño eso, admitió Catalina. Mi hijo está muy triste desde que se fueron. Don Alberto, no, déjame hablar.

Sé que Alberto hizo algo que te molestó. No sé qué fue exactamente, pero conozco a mi hijo. Probablemente trató de arreglar tu vida con dinero, ¿verdad? Catalina asintió. ha hecho eso toda su vida. Cuando su mamá se enfermó, contrató a los mejores doctores del mundo, pero nunca se sentó a hablar con ella sobre sus miedos.

Cuando Patricia no podía embarazarse, le compró tratamientos carísimos, pero nunca canceló un viaje de negocios para acompañarla a las citas. Eso no justifica que me haya mentido. No, no lo justifica, pero tampoco justifica que desaparezcas completamente de nuestras vidas. Don Alberto cerró los ojos cansado. Prométeme algo, mi hija. Si me pasa algo, no dejes que Alberto se quede solo. Es un buen hombre con un corazón enorme, pero nunca aprendió a expresar amor sin chequera en mano.

Don Alberto, no hable así. Prométemelo. Se lo prometo. Tres días después, Catalina estaba en clase cuando recibió la llamada. Don Alberto había muerto en su sueño, sin dolor, mientras dormía una siesta en su jardín favorito. El funeral fue en una iglesia pequeña en Coral Gables. Catalina llegó con Mateo, vestida con el único traje negro que tenía.

Alejandro se veía destrozado, pero se mantuvo compuesto durante toda la ceremonia. Después del entierro, en la recepción en la casa, Catalina se acercó a él. Lamento mucho su pérdida. Su papá era un hombre maravilloso. Gracias por venir. Significaba mucho para él. Significa mucho para mí. ¿Cómo está llevando todo esto? Mal, admitió Alejandro. Los últimos cuatro meses fueron los más cercanos que habíamos estado en años y ahora no terminó la frase, pero Catalina entendió. Él estaba orgulloso de usted.

Me lo decía todo el tiempo. En serio. Sí. decía que nunca había visto a su hijo tan feliz como cuando estábamos todos juntos los domingos. Alejandro la miró con ojos llenos de dolor y algo más que ella no pudo identificar. Catalina, sé que cometí errores contigo. Sé que te mentí sobre algunas cosas. Alejandro, hoy no. Es el funeral de su papá.

L Pero necesito que sepas que nunca quise lastimarte, que todo lo que hice fue porque me enamoré de ti desde el avión. y no sabía cómo manejarlo sin arruinarlo todo. Catalina sintió que se le cortaba la respiración. No puede decirme eso ahora. ¿Cuándo entonces? Cuando sea demasiado tarde. Ya perdí a papá. No quiero perderte a ti también, Alejandro. Solo piénsalo, por favor.

Piensa en si hay una posibilidad de que podamos intentarlo de nuevo, pero esta vez siendo completamente honestos el uno con el otro. Esa noche, sola en su apartamento con Mateo dormido en sus brazos, Catalina lloró por don Alberto, por Ricardo, por la confusión que sentía en su corazón y por todas las pérdidas que había acumulado en sus 28 años de vida, pero por primera vez en meses también lloró por algo que podría llegar a ganar. Capítulo 6. El último adiós y nuevos comienzos.

Seis meses después del funeral de don Alberto, Catalina estaba en el cuarto de descanso de Jackson Memorial Hospital, vestida con el uniforme azul marino que había esperado usar durante tanto tiempo. Había pasado el Enclex en su segundo intento y finalmente tenía su licencia como enfermera registrada en Florida.

“Catalina, te buscan en recepción”, le dijo Jessica, una de sus compañeras del turno nocturno. Era Alejandro. Se veía diferente, más delgado, con algunas canas que no tenía antes, pero sus ojos verdes seguían siendo los mismos que recordaba del avión. “Hola”, dijo nerviosamente. “Espero que no te moleste que haya venido a tu trabajo.