ELLA SE SENTÓ EN EL ASIENTO EQUIVOCADO — PERO LA PERSONA A SU LADO ERA UN MILLONARIO Y SE ENAMORÓ…

Pero debía habértelo dicho desde el principio. ¿Por qué no lo hiciste? Porque tenía miedo de que dijeras que no. Porque había visto cómo reaccionaste cuando traté de ayudarte con contactos para revalidar tu título. Porque sabía que eras demasiado orgullosa para aceptar caridad. No era caridad, dijo Catalina mirando los documentos. Era amor. Sí, admitió él.

Era amor, mal manejado, pero amor al fin. Catalina cerró la carpeta y se la devolvió. No voy a pagarte. No te estoy pidiendo que lo hagas. Entonces, ¿qué me estás pidiendo? Alejandro tomó sus manos sobre la mesa. Que me perdones. Que si alguna vez en el futuro coincidimos en algún lugar, no sientas rencor hacia mí. Que cuando Mateo crezca y pregunte por el Señor que lo cargó en el avión, puedas hablarle bien de mí.

Las lágrimas comenzaron a rodar por las mejillas de Catalina. Alejandro, yo no tienes que decir nada, solo podrías abrazarme. Una vez como despedida. Catalina se levantó y lo abrazó. Olía, igual que recordaba, a colonia cara y a esa loción para después de afeitar que había asociado con las mañanas tranquilas en Coral Gables.

“Te voy a extrañar”, murmuró contra su pecho. “Los dos te vamos a extrañar. Yo también los voy a extrañar más de lo que puedes imaginar. Se separaron lentamente. ¿Puedo pedirte un favor? Dijo Catalina. Lo que quieras. No te vayas mañana. Dame una semana para pensar, para procesar todo esto.

Una semana para qué? para ver si realmente tenemos que despedirnos o si podemos intentar empezar de nuevo, pero de verdad de nuevo, sin mentiras, sin rescates, sin dinero de por medio. Alejandro la miró con esperanza cautelosa. ¿Qué estás diciendo? Estoy diciendo que tal vez don Alberto tenía razón. Tal vez somos demasiado tercos para nuestro propio bien.

¿Y cómo funcionaría? Tú vives aquí, tu trabajo está aquí, la vida que construiste y tú tienes una empresa en México, responsabilidades, empleados que dependen de ti, completó ella. No va a ser fácil. Nada que valga la pena es fácil. Exacto. Pero antes necesito que me prometas algo, lo que quieras.

Nada de gestos grandiosos, nada de regalos caros, nada de tratar de arreglar mi vida. Si vamos a intentar esto, tiene que ser como iguales paso a paso. Alejandro sonrió por primera vez en la conversación. ¿Sabes qué es lo primero que haríamos como iguales? ¿Qué? Ir a una cita normal, como gente normal, cena en un restaurante normal, conversación normal, pagar cada uno su parte.

Catalina se rió. ¿Me estás pidiendo una cita? Te estoy pidiendo la oportunidad de enamorarte de mí por las razones correctas. ¿Y cuáles son las razones correctas? Tendrás que descubrirlo en la cita. Esa noche, cuando llegó a su apartamento en Galea, Catalina encontró a Mateo despierto en su cuna, jugando con sus dedos y balbuceando sonidos que cada día se parecían más a palabras reales. “¿Qué opinas, mi amor?”, le preguntó levantándolo.

 

“¿Le damos una oportunidad al señor del avión? Mateo le sonrió y estiró sus manitas hacia su cara como si estuviera diciendo que sí. Por primera vez desde la muerte de Ricardo, Catalina sintió que tal vez estaba lista para abrir su corazón de nuevo, no para ser rescatada, sino para construir algo nuevo con alguien que entendiera que el amor verdadero no llegaba con chequera, sino con presencia, paciencia y la voluntad de crecer juntos.

Epílogo, asiento 12a y 12b. 2 años después, el vuelo de Miami a Medellín estaba lleno, pero esta vez Catalina no sentía la ansiedad que había experimentado. En su primer viaje, sentada en el asiento 12a con Mateo, de 2 años y medio dormido en su regazo, observó a Alejandro revisar los documentos del trabajo en el asiento 12b.