ELLA SE SENTÓ EN EL ASIENTO EQUIVOCADO — PERO LA PERSONA A SU LADO ERA UN MILLONARIO Y SE ENAMORÓ…

Cuando ella había querido estudiar una maestría en administración de salud, él había ofrecido pagar la matrícula. Ella había aceptado, pero solo como préstamo sin intereses que estaba pagando mensualmente. Cuando él había querido regalarle un auto nuevo, habían llegado al compromiso de un auto usado pero confiable que ella había elegido.

“Papá Ale, ¿vamos a ver, abuela Carmen?”, preguntó Mateo, que había estado escuchando la conversación. Sí, campeón. Y va a ser la primera vez que la veo en persona. ¿Va a gustarle? Alejandro miró a Catalina con pánico fingido. Eso espero. ¿Tú qué crees? Creo que si le gustas a mamá, ella va a gustarte, respondió Mateo con la lógica simple de un niño de 2 años.

El piloto anunció que comenzarían el descenso hacia Medellín. Catalina miró por la ventana las montañas verdes que rodeaban su ciudad natal, sintiendo una mezcla de nostalgia y esperanza. “¿Sabes qué es lo que más me gusta de esta historia?”, le dijo a Alejandro mientras el avión descendía.

¿Qué? Que empezó con un error, pero terminó siendo exactamente lo que necesitábamos. “Técnicamente no ha terminado”, la corrigió él. Apenas estamos empezando. Tienes razón, pero ya no tengo miedo del futuro como antes. Ni siquiera un poquito. Bueno, tal vez tengo un poco de miedo de que mi mamá te haga preguntas sobre cuándo nos vamos a casar. Alejandro sonrió misteriosamente.

¿Qué pasa si ya tengo respuesta para esa pregunta? Catalina lo miró sorprendida. Alejandro Durán, más te vale estés planeando nada grandiose. Tranquila, nada grandiose, solo algo perfecto para nosotros. Mateo señaló por la ventana cuando las luces de Medellín se hicieron visibles. Mira, mami, Colombia.

Sí, mi amor. Esta es la tierra donde naciste, donde conocí a tu papá Ricardo y donde empezó nuestra nueva historia. Mientras el avión tocaba tierra, Catalina reflexionó sobre todo lo que había cambiado desde aquel vuelo desesperado dos años atrás. Había llegado a Miami como una viuda quebrada huyendo de las deudas y el dolor.

Ahora regresaba a Colombia como enfermera profesional, con una familia reconstituida y planes para el futuro. ¿Sabes qué le voy a decir a tu mamá si me pregunta cuándo nos vamos a casar?”, susurró Alejandro mientras esperaban para desembarcar. ¿Qué? Que cuando ella me dé su bendición tengo el anillo listo. Catalina sintió que el corazón se le aceleraba.

En serio, en serio, pero va a ser una propuesta completamente normal, en un lugar normal, sin mariachis ni aeroplanos escribiendo en el cielo. ¿Dónde? En el parque donde Ricardo le propuso matrimonio a tu mamá. Porque quiero que nuestra nueva historia honre la historia que vino antes. Por primera vez en dos años, Catalina se permitió llorar de felicidad completa.

No lágrimas de alivio ni de nostalgia, sino de pura alegría por lo que tenían y lo que estaba por venir. Te amo, Alejandro Durán, y yo te amo a ti, Catalina Mendoza, a ti y a todo lo que construiremos juntos. Mateo, ajeno a la importancia del momento, aplaudió cuando el avión se detuvo completamente. Ya llegamos. Ya llegamos. Sí, pensó Catalina levantando a su hijo.