¿A qué se dedica? Soy enfermera, respondió con orgullo, porque eso sí podía decirlo sinvergüenza. Bueno, era, ahora no sé qué seré. La turbulencia golpeó el avión justo en ese momento y Mateo comenzó a llorar inconsolablemente. Catalina sintió pánico cuando se dio cuenta de que su frente estaba caliente. “Tiene fiebre”, murmuró palpando la frente del bebé.
“Dios mío, ¿y si es algo grave? Se me olvidó el termómetro en casa. Se me olvidó el acetaminofen. Las lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas. Era enfermera. Se suponía que sabía qué hacer, pero cuando se trataba de su propio hijo, toda su preparación profesional se desvanecía. “Déjeme ver”, dijo Alejandro con voz tranquila, extendiendo las manos.
“¿Puedo?” Catalina dudó un segundo antes de pasarle a Mateo. Alejandro tomó al bebé con sorprendente naturalidad, colocándolo contra su hombro y comenzando a hacer movimientos circulares en su espalda. “Mi exesosa era pediatra”, explicó mientras Mateo gradualmente dejaba de llorar. “Aprendí algunas cosas. Los bebés a veces reaccionan así a los cambios de presión. Mire, ya no tiene fiebre.
” Efectivamente, cuando Catalina tocó la frente de Mateo, estaba tibia, pero no caliente. ¿Cómo sabía que Patricia siempre decía que los padres primerizos confunden el estrés del bebé con enfermedad real? Sonrió tristemente. Íbamos a tener hijos juntos, pero bueno, eso ya no importa. Catalina sintió algo extraño en el pecho.
Este hombre que había pagado su upgrade sin pensarlo dos veces, que había calmado a su hijo con tanta paciencia, tenía dolor en los ojos cuando hablaba de su exesposa. ¿Está divorciado?, preguntó sorprendiéndose de su propia audacia. Hace 2 años. El trabajo yo priorizaba las adquisiciones empresariales sobre construir una familia. Cuando finalmente decidimos tener hijos, ya era demasiado tarde.