¿Qué probabilidades había de que el hombre que la había ayudado en el avión apareciera justo cuando más lo necesitaba? ¿Crees que me está mintiendo sobre su padre? Le preguntó a Lucía. No lo sé, pero googléalo. Si es un empresario importante, debe aparecer en internet. Catalina buscó Alejandro Durán, empresario México, en el teléfono de Lucía. Los resultados la sorprendieron.
artículos sobre adquisiciones millonarias, entrevistas en revistas de negocios, fotos en eventos de tecnología. Era realmente exitoso. Mira esto. Le mostró a Lucía una foto de Alejandro en una gala benéfica con una mujer elegante. Esta debe ser su exesposa. Es hermosa, comentó Lucía.
¿Estás segura de que solo quiere una enfermera para su papá? ¿Qué quieres decir, Catalina? Por favor, un millonario guapo te ayuda en el avión, aparece casualmente cuando necesitas trabajo y te ofrece el salario perfecto. O es el hombre más generoso del mundo o está interesado en ti. Catalina sintió calor en las mejillas. No seas ridícula.
Yo tengo un bebé de 3 meses y acabo de enviudar. Además, somos de mundos completamente diferentes. Los millonarios también se enamoran, hermana. Esto es solo trabajo, Lucía. nada más. Pero mientras se quedaba dormida, Catalina no pudo evitar recordar la gentileza en los ojos de Alejandro cuando había calmado a Mateo en el avión y la manera en que había escuchado sus problemas sin juzgarla.
Tal vez Lucía tenía razón. Tal vez esto era más complicado de lo que parecía. Capítulo 4. Secretos y traiciones. La mansión en Coral Gables era exactamente lo que Catalina había imaginado que sería la casa de un millonario, jardines perfectamente cuidados, una fuente en la entrada y ventanas enormes que brillaban bajo el sol de Miami.
Pero lo que no había esperado era encontrar a don Alberto Durán sentado en el porche delantero discutiendo con una enfermera uniformada. Le digo que no necesito que me carguen como si fuera un inválido”, gritaba el anciano mientras se levantaba de su silla de ruedas con obvio esfuerzo. “Señor Durán, el doctor dijo que debe usar la silla después de las caminatas”, respondía la enfermera con paciencia profesional.
