Hace siete años se fue dejando solo deudas y desprecio Siete años después volvió, y sus padres apenas podían mirarlo En ese instante, todas las burlas perdieron valor

Por las noches, Don Ernesto se sentaba frente a la puerta, mirando la calle vacía, esperando algo que no sabía si deseaba o temía: que Julián regresara… o que nunca más apareciera.

—¿Crees que esté vivo? —preguntaba Lupita algunas madrugadas.

Él nunca respondía.

Porque si hablaba, lloraba.

Los años pasaron. El cabello se volvió blanco. Las manos, temblorosas. La casa, más silenciosa.

Y entonces, una tarde cualquiera, todo cambió.

Un automóvil negro, elegante, se detuvo frente a la casa. Nadie en esa calle tenía un coche así. Bajó un hombre bien vestido. Luego otro. Miraron la fachada con atención.

Los vecinos salieron a curiosear.