La viuda adoptó a una niña apache perdida, sin saber que era hija del guerrero más temido.

Hay preocupaciones en el pueblo. ¿Usted lo entiende, verdad? La gente tiene miedo y cuando la gente tiene miedo hace cosas que no siempre son prudentes. No he hecho nada malo. No dije que lo hiciera.” Carter sonrió, pero no había calidez en esa sonrisa. Pero tiene a una niña apache en su casa y eso complica las cosas.

Es solo una niña, estaba herida. La ayudé. Muy noble de su parte, dijo Carter acercándose lentamente. Pero ha pensado en las consecuencias. Hay rumores de que los apaches están buscando a una niña perdida, un guerrero llamado Águila Negra. ¿Ha oído hablar de él? Elena no respondió. Carter continuó. Es peligroso, señora Cortés, muy peligroso.

Y si esa niña es su hija, vendrá por ella. Y cuando venga, no vendrá solo. Vendrá con guerreros y no será amable. No sé si es su hija, dijo Elena, la voz temblando apenas. No tengo forma de saberlo. Exactamente. Por eso creo que lo mejor sería entregar a la niña al fuerte. Los soldados sabrán qué hacer. Tienen intérpretes, pueden investigar y si resulta que no es la hija de nadie importante, bueno, encontrarán un lugar para ella.

No, dijo Elena con más firmeza. No se la llevarán. Carter suspiró como si estuviera tratando con una niña terca. Señora Cortés, no quiero tener que obligarla, pero tengo responsabilidades. Debo proteger al pueblo y si eso significa tomar medidas difíciles, lo haré. Váyase de mi propiedad. Los ojos de Carter se endurecieron.

Piénselo bien. No tiene marido, no tiene familia, está sola aquí. Sería una lástima que algo le pasara. No era una amenaza abierta, pero era suficiente. Elena sintió el miedo subiendo por su garganta, pero se mantuvo firme. Váyase. Carter se montó en su caballo, mirándola con una expresión que mezclaba frustración y algo peor.

Tiene tres días, dijo finalmente. 3 días para reconsiderar. Después volveré y no vendré a pedir permiso. Se fue con sus hombres levantando polvo en el camino. Elena se quedó en el porche, las piernas temblando, las manos apretadas en puños. Rosa salió de la casa mirándola con ojos preocupados. ¿Qué querían?, preguntó en español entrecortado. Nada, mintió Elena.

No era nada. Pero ambas sabían que era mentira. Esa noche Elena no pudo comer. Se sentó a la mesa con rosa, mirando la comida sin verla realmente. Su mente corría en círculos buscando soluciones, encontrando solo callejones sin salida. No podía entregar a Rosa, pero tampoco podía protegerla sola contra Carter y todos los hombres que él podría traer.

Necesitaba ayuda. Pero, ¿de quién? Al día siguiente fue a ver al padre Tomás. La iglesia estaba vacía cuando llegó, el aire fresco y tranquilo. El padre estaba arrodillado frente al altar rezando. Elena esperó en silencio hasta que terminó. Elena dijo el padre poniéndose de pie con dificultad. Te ves preocupada. Carter vino ayer.

Quiere llevarse a Rosa. El padre suspiró. Lo sé. Ha estado hablando con muchas personas. está convenciendo a la gente de que es necesario. ¿Usted qué cree, padre? El anciano se quedó en silencio un largo rato. Finalmente dijo, “Creo que Dios pone pruebas en nuestro camino y creo que tú has respondido a una de esas pruebas con bondad.


Pero también creo que vivimos en un mundo donde la bondad no siempre es suficiente.” ¿Qué debería hacer? No puedo decirte eso, hija. Solo puedo decirte que rezo por ti y por la niña. No era la respuesta que Elena esperaba, pero tampoco la sorprendió. El padre Tomás era un buen hombre, pero también era viejo y cansado.

No tenía el poder de enfrentarse a Carter. Elena volvió a casa sintiéndose más sola que nunca. Pasó el resto del día trabajando en el campo, tratando de no pensar, tratando de mantener las manos ocupadas. Rosa la ayudaba en silencio, recogiendo piedras, llevando herramientas. Habían desarrollado un ritmo, una forma de trabajar juntas sin necesidad de hablar.

Al atardecer, mientras Elena preparaba la cena, escuchó un sonido afuera, un caballo. Se asomó por la ventana y vio una figura solitaria acercándose. No era Carter, era alguien más. Don Antonio desmontó y se acercó al porche. Se veía cansado, preocupado. Elena, tengo noticias. Malas noticias. ¿Qué pasó? Carter está planeando venir mañana por la noche. No va a esperar tres días.

Está organizando a un grupo de hombres. Van a venir y van a llevarse a la niña. Con tu permiso o sin él. Elena sintió que el mundo se inclinaba. Mañana. Sí, lo siento. Quise advertirte antes, pero no estaba seguro. Ahora lo sé. Van a venir. ¿Qué puedo hacer? Don Antonio negó con la cabeza. No lo sé. Podrías huir, supongo, ir a las montañas, pero entonces estarías sola, sin protección y Carter te buscaría.