Ésta era mi familia ahora, la que yo elegí.
Así que, si has llegado hasta aquí, gracias por escuchar.
Mucha gente me ha preguntado: "¿Te arrepientes? ¿Valió la pena perder a tu familia?".
La verdad es esta: no perdí a mi familia. Ellos me perdieron a mí cuando priorizaron la reputación sobre las relaciones; cuando decidieron que mi trabajo no importaba, cuando intentaron borrarme en lugar de celebrarme.
Y sí, valió la pena, porque la alternativa estaba desapareciendo.
Pasé 29 años intentando encajar en un marco que nunca fue creado para mí. Intentando ser más silencioso, más pequeño, menos; intentando que los demás se sintieran cómodos a costa de mi propia existencia.
Ya terminé con eso.
No le debes a nadie, ni siquiera a tu familia, el derecho a borrarte.
Si tienes trabajos guardados que temes reclamar, documéntalos. Protégelos. Registra las patentes. Guarda los correos electrónicos. Graba las reuniones. Crea un registro documental que hable por sí solo.
Si te dicen que eres demasiado o insuficiente, busca gente que te vea. Están ahí. Te lo prometo.
Y si tienes que elegir entre mantener la paz y mantener tu integridad, elige la integridad siempre.
Porque tu voz importa, tu trabajo importa y mereces existir plenamente, en voz alta y sin pedir disculpas.
Esta es mi historia.
Gracias por estar aquí.
