Mientras mi familia peleaba por la herencia, yo fui el único que recuperó el querido perro de mi abuela… sin imaginar que eso me llevaría al secreto que ella había dejado atrás.

En medio de este torbellino de deseos, una presencia silenciosa: Nouka, la perra anciana de la abuela, un poco desorientada. Para Maëline, su nieta, este era el verdadero dolor: perder a la única persona de la familia que realmente había creído en ella.

La única que se queda con su abuela.

Durante los últimos seis meses, Maëline había estado viviendo con su abuela para brindarle cuidados diarios, mientras continuaba con su trabajo como enfermera. No hubo declaraciones heroicas ni gestos espectaculares: solo comidas compartidas, medicación administrada a tiempo, noches más cortas y largas conversaciones llenas de confidencias.

La abuela nunca les había dado dinero a sus hijos, prefiriendo financiar sus estudios y animarlos a ser autosuficientes. Esta filosofía la había llevado a ser juzgada como "tacaña", incluso "dura". Maëline, sin embargo, veía en ella a una mujer exigente, sí, pero profundamente justa, que la había apoyado más que nadie.

El perro que nadie quería

Cuando el abogado anuncia que oficialmente nadie hereda nada, el ambiente estalla: gritos, recriminaciones, resentimientos acumulados durante años. Las palabras superan a los pensamientos. Entonces la conversación deriva… hacia Nouka.

¿Qué hacer con esta perra anciana? Algunos sugieren buscarle un nuevo hogar, otros prefieren no meterse en el asunto. Nadie quiere complicar las cosas. Sin embargo, Maëline se niega a dejar que se vayan tan rápido de lo que queda de su abuela. Aunque su contrato de arrendamiento prohíbe las mascotas, y a pesar de sus recursos limitados, finalmente accede. Se lleva a Nouka a casa, por amor, y nada más.

El secreto grabado en un collar

Los días pasan, marcados por el trabajo, el cansancio y la llegada de su nuevo compañero de cuatro patas. Una mañana, tras una terrible discusión con su madre, quien la acusaba de haberlo heredado todo, Maëline rompe a llorar. Nouka se acerca... y es entonces cuando Maëline finalmente se fija en un detalle: el collar.

En el reverso de la medalla, una dirección y un número. Dentro, una llavecita. Intrigada, sigue el rastro hasta una taquilla en una estación de tren. Dentro, un sobre dirigido a ella, escrito con la letra de su abuela, junto con documentos oficiales. La verdad sale a la luz: su abuela legó todo a «la persona que acepte cuidar de Nouka, sin esperar nada a cambio». Esa persona es ella: una recompensa sincera.