Rechazada por todos, la hija enana del coronel fue entregada a un esclavo… y el final fue simplemente impactante.

Cuando Leonor cumplió 18 años en 1880, el coronel comenzó la ardua tarea de encontrarle marido. Ofreció dotes generosas, tierras y esclavos. Las respuestas eran siempre educadas, pero firmes: los hijos ya estaban comprometidos, la distancia era un problema, la salud impedía el enlace. Nadie mencionaba su estatura, pero todos la usaban como excusa. Las negativas se hicieron más rápidas y crueles. Un hacendado de Campinas respondió: “Mi hijo necesita una esposa que pueda generar herederos saludables y representar a la familia en sociedad”.

 

 

La humillación pública alcanzó su punto álgido en 1884. En una fiesta, mientras Leonor intentaba unirse al baile, un joven comentó lo suficientemente alto para ser oído: “Baila con ella quien quiera cargarla en el regazo”. Las risas que siguieron sellaron el aislamiento de Leonor. El coronel, mudo de rabia, sacó a su hija de la fiesta y la llevó a casa en un silencio sepulcral.

Fue en esa época de creciente desesperación que Sebastião, un esclavo doméstico, comenzó a ganar relevancia. Comprado en 1873, Sebastião era diferente. Su madre, una esclava alfabetizada, le había enseñado a leer, y el antiguo capellán de la hacienda completó su educación con latín y aritmética. Alto, culto y discreto, Sebastião cuidaba la vasta biblioteca del coronel.

La relación entre él y Leonor nació entre los libros. Al principio, fueron saludos educados. Pronto, Leonor descubrió que Sebastião no solo organizaba los libros, sino que los entendía. Él le recomendaba lecturas y, gradualmente, comenzaron a discutir sobre literatura, política y música. En Sebastião, Leonor encontró al único hombre que la trataba como a una igual, que la miraba a los ojos.