Mademoiselle Bert notó que Leonor sonreía más. Pero un capataz, João Batista, advirtió al coronel sobre la “excesiva cercanía” entre la joven señora y el esclavo. Una noche, el coronel observó la rápida mirada de complicidad que cruzaron durante la cena.
En marzo de 1885, Leonor hizo una confesión impactante al padre Mateus: “Prefiero vivir en pecado con quien me respeta, que casada con quien me desprecia”. Se refería a Sebastião.
La reacción inicial del coronel fue violenta. Mandó azotar a Sebastião (20 latigazos que soportó en silencio) y encerró a Leonor en su cuarto. Pero las negativas matrimoniales continuaron. La última tentativa fue un viudo de 60 años, Joaquim Ferreira. Tras inspeccionar a Leonor, se marchó de madrugada dejando una nota brutal: “La muchacha es educada, pero no sirve para mi casa. La dote ofrecida no compensa las dificultades”.
Fue el punto de quiebra. El coronel se encerró dos días en su despacho y luego convocó al padre Mateus. El plan era radical: si ningún hombre libre la quería, se casaría con Sebastião.
“Mejor que tenga un marido esclavo a que no tenga marido alguno”, declaró el coronel. “Sebastião la trata con respeto”.
Sebastião fue llamado. El coronel fue directo: “Te casarás con mi hija. Serás liberado en la ceremonia. A cambio, cuidarás de ella hasta la muerte y nunca reclamarás la herencia”.
Sebastião sorprendió al coronel: “Acepto, pero con una condición. Quiero que la señora Leonor confirme que es su voluntad”.
